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Si hay alguien que conoce bien la historia de la Región de Aysén, en la Patagonia chilena, es Danka Ivanoff Wellmann. Desde sus comienzos, esta historiadora residente en Chile Chico ha dedicado su tarea a la investigación del  pasado de la zona  en que vive, para relevar sucesos, personajes y conflictos poco y mal conocidos. La Guerra de Chile o los sucesos del  lago  Buenos  Aires, Lucas Bridges, El señor del  Bridges y Huellas de mujer. Memorias y testimonios femeninos de Aysén, entre otros libros, son testimonio de esa  obra, en la que se inscribe su último  título, Lago General Carrera. Temporales de Sueños.

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“Mi misión es rescatar la historia de la zona en que vivo”, asegura Danka Ivanoff Wellmann, nacida en chile chico. La investigación de sucesos, personajes y conflictos mal conocidos por la “historia oficial” de Chile y Argentina.

Aysén, una historia de sueños y coraje

Si lago Buenos Aires-General Carrera es el escenario de las historias que narra Ivanoff Wellmann en su último libro. El relato comprende desde el primer relevamiento del lago, realizado en 1881 por Carlos Moyano y Guillermo Pouivre, hasta la actualidad, y en su transcurso aborda la formación de los pueblos ribereños, el proceso de colonización y desarrollo de la zona, los avatares de las embarcaciones que “prestaron valiosos servicios en el lago y fueron depositarias de muchas historias”, los orígenes de los nombres de pueblos y pequeños puertos y su situación en el presente.

por Osvaldo Aguirre


 

Con el propósito de “dar a conocer una rica historia llena de esperanzas, e coraje y de sueños”, Ivanoff Wellmann trama un sabroso relato en el que convergen documentos, leyendas, relatos trasmitidos por vía oral, testimonios de antiguos y jóvenes pobladores, y la propia experiencia de vida. La saga familiar se filtra una y otra vez, ya que su padre, sus tíos y hermano han estado ligados a la navegación en el lago, pero de un modo en que la historia de la comunidad y la historia personal resultan indisociables. La decisión de reparar los olvidos o las falencias de la historiografía es un eje de la investigación, y se aprecia en particular en el análisis del poblamiento de Aysén, un proceso tan poco conocido que la autora llama a los protagonistas los “colonos del silencio”, en alusión a “aquellos hombres y mujeres que entregaron su vida a la región, que aportaron muchas horas de trabajo y de duro trajinar en la adversa naturaleza (…) y que sin embargo no figuran en los libros de historia”.

 

La historia personal está presente de un modo muy  particular en tu libro. Hablás de personajes,  sucesos y lugares que conociste, en  gran medida, por  experiencia de vida.  ¿Qué  ventajas o posibilidades se abrieron a partir de esta circunstancia para la investigación? A la vez, en tanto  con  los recuerdos viene la nostalgia y la emoción, ¿tanta cercanía no  pudo conspirar contra la visión  objetiva de los  acontecimientos?

• Es una ventaja importante el ser de alguna manera testigo de los hechos que relaté en mi libro. Nací en Chile Chico a orillas del lago, muy cerca del muelle en donde recalaban y zarpaban todas las embarcaciones. Mi familia tenía una tremenda ligazón con los medios de navegación, a través de sus propietarios, capitanes, tripulantes. Por lo tanto toda la información fue recogida de primera fuente, y por otra parte los recuerdos de la vida en torno a la ribera del lago Buenos Aires-General Carrera forman parte de mi existencia. Este es el libro más personal que he escrito, en él figuran nombres de familiares, pero eso no atentó contra la objetividad de la investigación que fue acuciosa y también de largo aliento. Antes de escribir este libro había realizado otros borradores y durante muchos años fui buscando información, presenté ponencias en seminarios regionales, fui parte del equipo creador del Museo Barco Andes y fui creando un importante registro fotográfico. Decidí escribir este libro porque creí necesario el dar a conocer la importancia que tuvieron las embarcaciones, y los marinos del lago en el proceso colonizador de todas sus riberas que hoy son conocidas  por sus cualidades turísticas y su imponente geografía.

 

Lago General Carrera apela a fuentes escritas de diversa procedencia, pero a la vez hace un fuerte hincapié en la historia oral  y el testimonio  de antiguos pobladores. ¿Qué  valor  particular agregan, en tu opinión, estos testimonios al relato de la historia? ¿Cómo interviene el historiador cuando las impresiones orales son divergentes?

• La gran mayoría de mis trabajos de investigación están basados en documentos, en iconografía, en relatos de otros autores. Soy una apasionada de la investigación documentada y una conservadora de diferentes papeles, desde la simple carta escrita por un poblador, el boleto de marca, la boleta de pastaje en Argentina, el pasavante, el permiso de circulación etc. Todos esos documentos me permiten investigar timbres, pie de firmas, fechas, nombres y acontecimientos. Sin embargo Aysén es una región de historia reciente, apenas 105 años han transcurrido desde la primera concesión de tierras fiscales a grandes compañías ganaderas y lamentablemente gran parte de la documentación no se conservó o fue llevada a ciudades como Punta Arenas o
Valparaíso en donde esas compañías tenían sus oficinas centrales, por lo tanto la historia hay que reconstruirla a partir de la oralidad. Hay muchos pueblos en mi región que fueron fundados en la época de los años cincuenta, hay muchos hechos acaecidos entre los años 40 a 60 y es por ello que es posible, recurriendo a la expresión oral, rescatar la historia. El investigador de la historia debe tener primero un conocimiento de los hechos y  debe saber interpretar  el relato. En mi caso personal, siendo nacida en esta región en donde mi familia se podría calificar de pionera en muchos ámbitos, tengo conocimiento de los hechos y una sensibilidad especial  para recibir la información. Domino el lenguaje, interpreto los gestos corporales, conozco los silencios y las pausas del entrevistado y además realizo varias entrevistas a la misma persona cambiando las preguntas.  El ser de la zona, el conocer las costumbres, el entender la cultura es una ventaja ya que de ello sale como resultado final un relato con sentimiento. Sobre los entrevistados de reciente llegada a la zona, siempre es interesante el  conocer  la mirada que ellos tienen sobre la región, sus sueños sobre ella, sus experiencias. Creo que lo principal es el tener la ventaja de ser una estudiosa no sólo de la historia, sino también del contexto en que ella se desarrolla, de la geografía, de las costumbres, del mundo campesino, de la vida aisenina.

 

El proceso de poblamiento y de desarrollo de la  Patagonia chilena muestra características comunes con  lo que pasó del  lado  argentino. Más que la acción del  Estado, dependió de la acción de personas que se  arriesgaron por  su cuenta a la aventura de establecerse en  una zona  que carecía de lo más  elemental. En este sentido tu libro aparece como reivindicación de los personajes anónimos, aquellos “colonos del silencio” de los que no hablan los libros de historia. ¿Este  fue uno  de tus propósitos al contar la historia del  lago?

• Hay mucha similitud entre la vida en la Patagonia argentina con la chilena, hay cientos de personajes que fueron fundamentales para el desarrollo de la Gran Patagonia, como camioneros, transportistas, mercachifles, comerciantes, hoteleros campesinos, etcétera, que no figuran en los libros de historia pero que con su presencia contribuyeron al desarrollo de toda la Patagonia.  Todos mis libros han tenido siempre el propósito de rescatar la historia y así como relaté lo que ha sido conocido como La Guerra de Chile Chico, un enfrentamiento militar entre los pobladores de la parte chilena del entonces lago Buenos Aires con las tropas enviadas por el Gobierno de Chile a desalojar a esos pobladores y relaté las muertes de un grupo de trabajadores chilotes en Bajo Pisagua -delta del Río Baker- o rescaté la importante historia de Esteban Lucas Bridges en la zona del Baker, también he relatado la historia de vida de mujeres anónimas de la región de Aysén y ahora la vida de hombres anónimos que vivieron y trabajaron en el lago. Creo que la historia no la componen hechos sino protagonistas, y siempre intento dar a conocer a esos protagonistas. Sobre los que he llamado “colonos del silencio”, refiriéndome a pobladores de origen mapuche-huilliche, quise hacer un acto de justicia al darle protagonismo en el proceso colonizador de Aysén a un grupo humano que no ha sido considerado y que sin embargo es contemporáneo a los primeros pobladores blancos de la zona.

 

Desde esta historia, ¿la frontera entre Chile y Argentina ha sido  un espacio de comunicación o de enfrentamiento entre los pueblos?

• La frontera entre Chile y Argentina en cuanto a la Patagonia fue durante muchos años algo inexistente en la cotidianidad. Nosotros y ellos traspasábamos ese espacio físico sin grandes problemas, con muy poca burocracia y sintiéndonos parte de un todo. Luego vinieron las trabas burocráticas pero nuestra relación nunca ha sido de enfrentamiento, muy por el contrario hay una hermandad poco conocida en las esferas centrales. Nos diferencian modismos -el vos por el tú, la pava por la tetera- pero hay una gran ligazón entre los pueblos fronterizos. Todos los días te encuentras en  el supermercado o en la tienda o incluso en el hospital con gente de Los Antiguos o de Perito Moreno y allá todos los días te encuentras con gente de Chile Chico  haciendo compras, almorzando o simplemente paseando. Las grandes fiestas cuentan en amabas fronteras con la presencia de ciudadanos del otro lado. Incluso en caso de tragedias como incendios, ves a los bomberos de ambas naciones trabajando juntos. Así ocurrió con el incendio de la escuela en Los Antiguos y en el incendio forestal de Chile Chico ocurrido hace algunos años atrás. Acá no hay animosidades, por el contrario hay amistad e incluso, en el peor momento, cuando estábamos casi en guerra seguíamos traspasando la frontera como si nada y estábamos preocupados por la suerte de nuestros amigos del otro lado y ellos por nosotros. Creo que sólo mentes delirantes pueden pensar en un enfrentamiento entre nosotros.

 

La historia aparece en tu libro pensada también en  función de las  necesidades y reclamos del presente, tanto  en un sentido económico como cultural. ¿Esto forma  parte de la misión del  historiador, es decir, abogar con su trabajo por los intereses actuales de su comunidad?

• No sé si forma parte, pero es una manera de hacer comparaciones entre lo sucedido en el pasado con lo que acontece en la actualidad. Además sirve para dar a conocer lo que acontece hoy y dejarlo registrado para que futuras investigaciones tengan fuentes en donde nutrirse.

 

¿Te interesa sólo la historia regional? Si es así, ¿por qué? En todo caso, ¿cómo definirías tu ámbito de investigación?

Me apasiona la historia en general, me apasiona la historia social de Chile más que las epopeyas, lo mismo que la historia social de América, pero por sobre todo me apasiona la historia patagónica, que en el fondo es historia social más que epopéyica. Hace muchos años recibí el consejo de don Mateo Martinic, un gran historiador patagónico, de dedicarme fundamentalmente a un solo ámbito geográfico y es así que por casi treinta años me he dedicado a investigar la historia de la cuenca del lago General Carrera y el Río Baker y se podría decir que soy una gran conocedora de los hechos acaecidos en este espacio geográfico y curiosamente es aquí donde se han desarrollado los hitos más relevantes de la historia de Aysén como la Guerra de Chile Chico, la muerte de los trabajadores en Bajo Pisagua, la muerte del Teniente Merino en Laguna del Desierto, la colonización belga,, el descubrimiento y puesta en marcha de la Mina Silva, la minería de oro y plata en Laguna Verde, etcétera. Hay todavía mucho que contar y que decir y mucho por investigar en esta zona y aunque soy una gran conocedora de la historia de toda la región y de gran parte de la Patagonia, creo que mi misión es rescatar la historia de la zona en que vivo y que conozco profundamente. Mi próximo trabajo -tengo varios en carpeta- es la historia de Villa O’Higgins, el pueblo más austral de la región de Aysén.

 

Sobre este artículo

Publicado en Confines N° 13 Septiembre de 2008

•Por Osvaldo Aguirre, Rosario
Especial para Confines - El extremo Sur

 

 

Septiembre de 2008
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