Alberto Laiseca /
Nota biográfica

Nació en rosario (1941), pero deambuló por distintas provincias a bordo de oficios disímiles como empleado telefónico o corrector de pruebas en el diario la razón. entre otras, es autor de las novelas su turno para morir (1976), aventuras de un novelista atonal (1982), La hija de kheops (1989), La mujer en la muralla (1990) y El jardín de las máquinas parlantes (1993) aunque antes de publicar su primer libro Alberto Laiseca ya estaba trabajando en lo que se convertiría en su obra mítica: Los Soria (1988), una monumental saga de más de 1.400 páginas que “reflexiona sobre el poder absoluto y la posibilidad de organizarlo de un modo más humanizado”.



 

“Si me leyeran sólo viejos diría que está todo perdido”

Alberto Laiseca

El realista delirante

Entró al considerando de los lectores argentinos por su programa Cuentos de Terror, que emitía hasta hace algún tiempo I-SAT, pero antes de ello, Ricardo Piglia ya había escrito que Los Soria –su obra más importante, de más de 1400 páginas– era la mejor novela argentina después de Los siete locos de Arlt. Un personaje ambiguo, cuya literatura ha labrado un género que tiene muchísimos seguidores y poco a poco se convirtió en un culto. Una entrevista al Laiseca profundo, donde por momentos parece evadirse con comentarios delirantes pero que siempre está latiendo en su decir una personalidad inteligente, interesante, dolida y con un estilo muy particular.

entrevista por Diego Cacciavillani

 

¿Cuáles son sus influencias literarias?

• ¿Mis influencias literarias? Oscar Wilde, príncipe consorte de la estética.

 

Oscar Wilde está muy presente en sus obras, lo cita mucho.

• Sí, porque lo admiro y lo quiero. Está sepultado en el cementerio Père Lachaise en París. Siempre espero que resucite, para decirnos cosas nuevamente. Él no creo que quiera resucitar porque sufrió tanto en vida que no creo que quiera.

 

¿Cuál es su relación con la escritura? ¿Tiene algún ritual?

• (Algo molesto) ¡Eso es muy fácil de contestar! Escribo cuando puedo, tesoro.

 

Usted definió su estética como un realismo delirante, ¿qué puede decirnos al respecto?

• Sí.

 

¿Es una estética cercana al Romanticismo?

• Sí, por supuesto que sí. En realidad estaba por decir que era un secreto militar. A mí me interesa mucho la realidad, mucho.

 

Usted ha dicho en varias oportunidades que el realismo delirante exagera pero nunca se sale de la realidad.

• Exactamente, ni más ni menos.

 

¿Usted cree que con esta estética ha fundado toda una tradición?

• Eso es muy difícil de decir, porque en primer lugar no sabemos si va a continuar la literatura, espero que sí. Desde que se inventó internet, ese invento del príncipe de las tinieblas, la tarjeta de crédito, los teléfonos celulares, son inventos para que la gente no se pueda comunicar y gaste más de lo que tiene; a mí me preocupa mucho los chicos y chicas entre 12 y 17 años, esa edad me preocupa mucho porque son nuestros herederos.

 

¿Usted dice que en la era de la comunicación lo que sucede es que no se comunican?

• Y bueno, por qué cree que yo hablo mal de internet y hablo en contra de los teléfonos celulares. Son comunicaciones al pedo, entonces nadie se comunica con nadie, es un diálogo de ceros. Mire, cuando yo era chiquito, yo viví bajo la dictadura de mi padre, sin embargo papá tenía una cosa buena que se la agradezco: me estimuló la lectura y esa es una cosa que realmente se la agradezco. Tuvo muchísimas cosas malas que a mí me hicieron un enorme daño, pero él me estimuló la lectura y la lectura me salvó la vida. En cambio ahora, estos chicos ¿cómo van a hacer para salvarse?

 

Usted ha denunciado, por decirlo de alguna manera, en una entrevista al Diario Perfil, la falta de imaginación de los escritores argentinos contemporáneos, ¿a qué se refería específicamente?

• Ah... no no, querido, pero no la falta de imaginación de los escritores argentinos contemporáneos, es un error. Hablé de la falta de imaginación en la física teórica, en la economía, en la literatura mundial, en las artes plásticas, ¡qué lejos estamos de las Nereidas de Lola Mora! Falta de técnica depurada como la que tenía Lola (Mora), ¡Hay si viviera y fuese mi novia, sería tan feliz, se solucionarían todos mis problemas! Pero está muerta, ojo, la aceptaría a Lola (Mora) si tuviera 90 años.

 

El terror y el humor parecieran ser las dos variables en las cuales siempre incurre su literatura, ¿por qué?

• El humor seguro, el terror no tanto  porque no me da el cuero. Soy tan delirante que cada vez que se me ocurre una historia de terror y la quiero escribir me sale otra cosa, lamentablemente. Mire, hay un género literario que es el terror y los libros de cuentos para niños que son dos géneros implacables que tienen lineamientos muy precisos, muy exactos que no se pueden violar. Sí, los podés violar, pero te salen otra cosa. Pinocho es la maravilla de los cuentos para niños habidos y por haber, pero hay muy pocos Pinochos en este mundo, había muchas obras para niños en el siglo XIX. El siglo XX ya no se produjo más nada, eran para adultos, no sé, pelotudeses. El género de terror es muy difícil, yo lo admiro mucho a Stephen King porque él no viola el género. Cuando yo leí, hace muchos años, El resplandor dije: “puta este tipo me cagó la vida, me cerró la boca” porque yo creí que no se podía escribir más nada sobre casas encantadas, ya estaba todo dicho, pero él me demostró que sí se podía, si hay genio para el terror, sí se puede.

 

¿Podría leerse Los Soria como un manual sobre las relaciones de poder de la sociedad y las repercusiones que tiene a nivel del sujeto?

• Sí, también se puede leer así, sobre todo así. Yo escribí Los Soria como un intento de humanizar el poder, si el dictador quiere puede humanizar el poder.

 

¿Usted cree que es posible humanizar el poder?

• Sí, yo creo en eso, ¡mire qué ingenuo soy!

 

O no, mire que las utopías también pueden leerse como una búsqueda real.

• Exacto, así es.

 

¿Usted cree que es un autor leído y considerado por la academia o es algo que no le preocupa?

• No, la academia seguramente no me considera, salvo algún academista excéntrico.

 

Bueno, (Ricardo) Piglia no es ningún excéntrico y lo considera.

• Mire, en este mundo todo se da hasta que lo aprecia algún academista excéntrico, pero así, en general, la academia nunca me va a entregar algún premio a mí. Me preocupan otras cosas.

 

¿Por ejemplo?

• Por ejemplo no haber sido traducido a ningún idioma, pero no es un problema de plata sino que está tan difícil las cosas para la literatura mundial que una posibilidad más no da certeza, pero la posibilidad de que tu obra vaya a perdurar después de tu muerte y ser recordado después de 50 años de muerto, es haber sido traducida la obra a algún idioma, principalmente el inglés. Y como eso no ha ocurrido y por lo visto no va a ocurrir que yo sepa, eso es algo que me preocupa. No me preocupa por mí sino por mi obra.

 

¿Tiene miedo que olviden su obra?

• Claro.

 

Déjeme decirle que será muy difícil que se olviden libros como Las aventuras del profesor Eusebio Filigranati o La mujer en la muralla o Los Soria.

• Ojalá tenga razón usted, ojalá. A mí me preocupa una cosa, yo admiro mucho a Leopoldo Marechal, que es un genio, y hoy nadie lee Adán Buenosayres, en cambio sí  tenemos una avenida llamada Leopoldo Marecha, plazoletas Leopoldo Marechal, clubes o no sé qué mierda llamado Leopoldo Marecha y eso me hincha las pelotas.

 

Bueno, eso es propio de nuestro país.

• Claro, pero no se olvide que yo soy argentino y me tocan las generales de la ley, espero que no, espero salvarme. No, espero que se salve mi obra.

 

¿Qué puede decirnos de su último libro Manual sadomasoporno?

• Es una autobiografía como se habrá dado cuenta usted si lo leyó.

 

La pornografía siempre está presente en su obra.

• Sí, es cierto ¿me pregunta por qué todavía? Mire amigo en el otro mundo no hay ni tetas ni cervezas, cómo no quiere que saque la pornografía aquí.

 

¿Va a seguir con el exitoso proyecto de cuentos narrados que hacía en I-SAT?

• Mire, yo quisiera, pero depende de los otros: de los gerentes, de la producción. En ese sentido no soy El Padrino que puede mandar a un par de sus chicos a ver a los gerentes y decirles: (imposta la voz, emulando ser El Padrino): “tengo para ti muchacho una oferta que no podrás rechazar”.

 

¿Es consciente de que tiene muchos lectores jóvenes, lectores adolescentes?

• Sí, eso es una de las esperanzas mías. Si me leyeran sólo viejos diría que está todo perdido. Hay mucho chicos jóvenes, es cierto, yo me doy cuenta y me pongo contento.

 

Le hablaba antes de su libro Las aventuras del profesor Eusebio Filigranati, en el primer cuento No me llames gorda, la venganza de la vampira, ¿puede leerse como una versión argentina de La Metamorfosis de Kafka?

• No, nada que ver. Esa chica existió y creo existe todavía.

 

Cuénteme un poco su experiencia como actor, fue nominado por los Premios Clarín Espectáculos como revelación masculina y mejor actor por su participación en la película El artista.

• Para mí fue un crecimiento filmar eso, como lo fue también empezar con I-SAT y también en Retro, donde presentaba películas de terror, pero lo que más me gustó fue lo de I-SAT.

 

Fue un éxito impresionante.

• Sí, ya lo sé (tono de desgana) pero eso cuénteselo a los gerentes.

 

¿Es cierto que van a publicar una versión del libro El artista escrito por usted?

• Sí, es cierto.

 

¿Y para cuándo tiene pensado sacarlo?

• No tengo idea, querido, depende de los gerentes como ya le dije antes, (molesto) no me obligue a ser repetitivo.

 

¿Por qué tiene forrado todos los libros de su casa?

• Para que no me los afanen.

 

¿Hay muchos que fueron y le sacaron cosas?

• Sí, entonces para confundir al enemigo los bloqueo

 

¿Qué opina de (Jorge Luis) Borges y de (Julio) Cortázar?

• De Cortázar es un hombre desparejo, me gustan sus cuentos pero no sus novelas. Y de Borges, un hombre muy frío, vivió una vida escasa, él mismo lo dijo y eso ha jodido mucho a su obra. Lo mejor que le pasó a Borges fue haberla conocido a María Kodama, todo el mundo habla mal de María Kodama, yo no, soy el único que habla bien. Yo podría ser feliz con una mujer así.

 

¿Sí?

• Sí (silencio de tres segundos).

 

¡Qué revelación!

• Sí, se lo cuento.

 

Dígame, ¿hay algún escritor joven de 40 o 50 años que usted admite?

• Sí, y de menos años también.

 

¿Por ejemplo?

• Juan Guinot, que no está publicado salvo cuentos muy cortos que sacó en España, tiene obras maravillosas. Sebastián Pandolfellí, que también está inédito.

 

¿Y de los que han sido publicados?

• Leonardo Oyola: Siete & el Tigre Harapiento.

 

Además de Leopoldo Marechal que nombró hace un rato, ¿qué otro autor argentino le parece que ha sido olvidado injustamente?

• Bueno, ¿le parece poco Leopoldo Marechal?

 

No, pero deber haber más.

• Sí, pero tan olvidados que ni siquiera yo los conozco.

 

Está muy presente en sus obras (Georg W. F.) Hegel y (Jacques) Lacan, ¿ha hecho esas lecturas?

• No, los leí muy por encima, algunas cositas nomás, por ejemplo una frase de Hegel que dice: “cuando una idea se lleva a sus últimas consecuencias, se transforma en su opuesta”.

 

Por último, ¿el Alberto Laiseca que conocemos por los medios es el mismo Alberto Laiseca de la intimidad?

• Bueno, eso con todo el mundo pasa, en algún lugar sí pero también hay cosas que tendrían que conocerme mejor para saber por dónde ando. Soy un buen tipo (comienza un tono impostado) pese a ser el Conde Drácula, lo que pasa es que la culpa la tienen las chicas, provocando con esos cuellos divinos que tienen.

Sobre este artículo

Publicado en Confines
N°24 Febrero de 2010

•Por Diego Cacciavillani
Puerto Madryn

Especial para Confines - El extremo Sur

 

Febrero/Marzo de 2010
2010 © Confines Arte y Cultura de la Patagonia| es una publicación de Editorial Revuelto Magallanes