JUAN QUINTAR (fragmento)

“Las zonceras y la crítica epistémico al poder”

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La intención de Jauretche es la de suscitar la reacción de esa tan mentada ‘viveza criolla’, para que, si en verdad somos vivos de ojo, lo seamos también de temperamento; la idea es comenzar a ‘avivarnos’ y dejar de ser zonzos. Ahora bien, ¿en qué consiste la zoncera, qué es?, ¿cuál es su función? La zoncera, a diferencia del sofisma, carece de argumentación, de razonamiento; son consignas que se instalan dogmáticamente y su eficacia no depende, por lo tanto, de la habilidad en la discusión como de que no haya discusión. Porque en cuanto el zonzo analiza la zoncera deja de ser zonzo. Se trata de una abstracción hecha principio que funciona como punto de partida para un razonamiento posterior, con una enorme funcionalidad dentro de los proyectos políticos que no parten de un reconocimiento de las demandas nacionales. Porque, en verdad, como bien lo analiza Jauretche… las zonceras son parte de la pedagogía colonialista.
Ahora bien, ¿cómo se instalan culturalmente las zonceras? Indudablemente, desde el poder político y la superestructura cultural que legitiman (y, muchas veces, imponen) los pensadores, escritores, pintores, poetas o académicos. Esas zonceras se apoyan en una autoridad y, a partir de ella, cumplen con dos objetivos: uno es prestigiar la zoncera con la autoridad que la respalda (porque lo dijo tal o cual prócer) y otra, reforzar (dicha) autoridad con la zoncera. Así los proyectos de Rivadavia se apoyan en el prestigio de Rivadavia. Y el prestigio de Rivadavia, en sus proyectos.

(de “Pensar con estaño. El pensamiento de Arturo Jauretche”, por Juan Quintar. Editado en Neuquén por Educo –Editorial Universitaria del Comahue- en 2007, 241 páginas. Prólogo de Jorge Marziali).

*las bastardillas son citas de Jauretche.

 

Opuesto a la “intelligentzia”, Jauretche elaboró uno de los más originales aportes a la cultura nacional. El historiador Juan Quintar analiza ese pensamiento, que puso en blanco sobre negro dicotomías entronizadas en la historia argentina mucho antes de sarmiento.

Arturo Jauretche

Pensar con estaño

Una reseña de la génesis del pensamiento nacional en torno de la figura de Arturo Jauretche. La originalidad de la desmitificación de las zonceras y el “descubrimiento” de la colonización pedagógica y sus consecuencias. Hay en la Argentina una construcción dificultosa, trabada y caracterizada por sus marchas y contramarchas, como metonimia de la historia del país: se trata de la edificación del pensamiento nacional, un espacio en el que entran y salen no sólo ideas y conceptos, cosmovisiones e ideologías, sino también hacedores que asoman su originalidad según el espíritu de la época.

por Gerardo Burton

Los pensadores nacionales son por lo general parricidas confesos, ya que es difícil desmontar la sacralidad de los oficialismos y la desconsideración de los progresismos no vernáculos. En esa tarea sobresalen, hacia la mitad del siglo pasado, los intelectuales nucleados en torno de la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina, la Forja cuyas ideas, desde el yrigoyenismo, contribuyeron al primer peronismo.
Desde ese núcleo duro de la intelectualidad opuesto a la “intelligentzia”, Arturo Jauretche elaboró uno de los más originales aportes a la cultura nacional. Y ahora el historiador Juan Quintar desmenuza esos aportes que pusieron en blanco sobre negro las dicotomías entronizadas en la historia argentina desde antes de Domingo Faustino Sarmiento.
En el título -“Pensar con estaño” -, Quintar plantea dónde se ubica Jauretche para articular las “razones y pasiones” de la historia nacional y organizarlas en un corpus que desafía las lecturas oficiales y sus operaciones. El estaño es el lugar privilegiado de la reflexión nacional y popular: el sitio desde donde la dicotomía civilización o barbarie, que tiñó la política argentina desde la segunda mitad del siglo XX se convierte en una zoncera. Justamente, las zonceras y la conceptualización de la “colonización pedagógica” son apenas dos de los hallazgos del pensamiento de Jauretche.
Pero Quintar no se queda en el análisis: su libro es un diálogo con la vida y la obra de Jauretche. Al contrario de los panegíricos esperables en estos casos –una especie de hagiografía de los pensadores nacionales que pueblan los altares en reemplazo de la historiografía liberal-, el autor rescata la absoluta libertad de pensamiento del protagonista de su libro. Nacido a la política en el conservadurismo, de la mano de Raúl Scalabrini Ortiz –cuya importancia en el indisciplinamiento de las almas todavía no está dimensionada- Jauretche se introdujo en el nacionalismo traducido por Hipólito Yrigoyen. La década infame –y otra vez Scalabrini Ortiz- lo azuzaron para desmontar y señalar los resortes del imperialismo inglés en el país, al que categorizó sin cortapisas como “coloniaje”.
Quintar, sin embargo, transgrede un pacto tácito: hace eje en las disidencias de Jauretche con Perón a lo largo de su vida, algo que pocos se atreven a mentar, especialmente cuando se trata de un personaje del Parnaso justicialista. Ese movimiento de entrada y salida que cultivó Jauretche, esa permeabilidad a la que recurrió para criticar desde dentro un proceso nacional y popular, son las herramientas que permitieron construir un pensamiento de pantalones largos. Como lo hicieron Juan José Hernández Arregui, Rodolfo Puiggrós, Salvador Ferla, John William Cooke y, sobre todo y de nuevo, Scalabrini.
Entonces, Quintar entra en su mejor juego: desmenuza todas las etapas de Arturo Jauretche, desde las escaramuzas en Paso de los Libres y el prólogo de Jorge Luis Borges a un poema épico hasta su final diálogo con una juventud cuya tendencia se enfrentaba a sangre y fuego con las directivas del líder justicialista.
“Pensar con estaño” representa una puerta a la evolución del pensamiento nacional del siglo XX, un conjunto de ideas y principios amasado en la práctica política, en la búsqueda de respuestas a una realidad siempre cambiante y en medio de la incomprensión de las ideas dominantes, sean éstas de la Europa continental, del mundo anglosajón o del (su)realismo socialista. Quintar ratifica y reivindica el carácter tercermundista del pensamiento nacional en la Argentina, y propone a Jauretche como un modelo de intelectual opuesto al que construyó la historia oficial con Sarmiento o Alberdi, incluso con Echeverría.
La clave es el estaño del título: ese metal que cubría la barra de los bares y desde donde Jauretche reflexiona. Allí se cocina el revés de la trama de las zonceras; la salida del coloniaje y la disolución de la colonización pedagógica.
El libro concluye con citas del subcomandante Marcos: no es casual, pues el entronque de una nueva mirada sobre la realidad y la historia requiere de todos los aportes posibles, y Quintar no los desdeña.

Sobre este artículo

Publicado en Confines
N°25 Marzo de 2010

•Por Gerardo Burton
Neuquén

Especial para Confines - El extremo Sur

 

 

Marzo/Abril de 2010
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