Allen Ginsberg
En el dorso de lo real & otros poemas
•Traducción de Gerardo Burton

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Un asfódelo

Oh, estimado, dulce y rosado
deseo inasequible
... ¡qué triste, no hay manera
de cambiar el loco
y cultivado asfódelo, la
realidad visible ...
y los pétalos aterradores
de la piel – cómo me inspiré
para estar tan yaciente en la sala
borracho y desnudo
y soñando, en la ausencia
de electricidad...
dale que dale comiendo la raíz inferior
del asfódelo,
el destino gris...
buscando procrear
sobre el sofá floreado
como sobre un banco en Arden
esta noche mi única rosa es el placer
de mi propia desnudez.

 

La Canción

El peso del mundo
es amor.
Debajo la carga
de soledad,
debajo la carga
de descontento
el peso,
el peso nosotros llevamos
es amor.
¿Quién puede negarlo?
En sueños
toca
el cuerpo,
en el pensamiento
construye
un milagro,
en la imaginación
agoniza
hasta nacer
en el humano
cuidado con el corazón
que arde de pureza
pues el lastre de la vida
es amor,
pero nosotros llevamos el peso
con fatiga,
y por lo tanto debemos descansar
en los brazos del amor
al final,
debemos descansar en los brazos
del amor.
No hay descanso
sin amor,
no se puede dormir
sin sueños
de amor
estar loco o estremecido
y obsesionado con los ángeles
o las máquinas,
el deseo final
es amor
no puede ser más amargo,
no se lo puede negar,
ni se lo puede detener
si se niega:
el peso es demasiado pesado
debemos dar
sin esperar nada a cambio
como el pensamiento
se da
en soledad
en toda la excelencia
de su exceso.
Los cuerpos cálidos
brillan juntos
en la oscuridad,
la mano se mueve
hacia el centro
de la carne,
la piel tiembla
de felicidad
y el alma viene
alegre al ojo
sí, sí,
esto es lo que
yo quise,
siempre,
Yo siempre quise,
volver
al cuerpo
donde yo nací.

 

El huérfano silvestre

Suavemente, la madre
lo lleva vagando
por el ferrocarril y por el río
es el hijo de lo escondido
el ángel del hot rod
y él imagina automóviles
y los pasea en sus sueños,
tan solitario creciendo arriba entre
los automóviles imaginarios
y muertas almas de Tarrytown
para crear
de su imaginación propia
la belleza de sus salvajes
antepasados una mitología
que él no puede heredar.
¿Alucinará él luego
sus dioses? ¿Despertará
entre misterios con
un destello loco
de reminiscencias?
El reconocimiento
algo tan raro
en su alma,
se encuentra sólo en sueños
nostalgias
de otra vida.
Una pregunta desde el alma.
y los ofendidos
pierden todo agravio
en su inocencia
un gallo, una cruz,
una excelencia de amor.
Y el padre se aflige
en una posada de mala muerte
-complejidades de la memoriaa
unas mil de millas
lejos, ignorando
que el inesperado
forastero juvenil
vagabundea hacia su puerta.

 

En el dorso de lo real

en el patio del ferrocarril en San José
yo vagué desolado
frente a una fábrica de tanques
y me senté en un banco
cerca de la cabaña del guardabarrera.
una flor yace en el heno sobre
la carretera de asfalto
el terror de la flor de heno
yo pensé tuvo un
quebradizo tallo negro y
la corola de la amarillenta y sucia
espiga como la corona de espinas
de Jesús y un sucio
penacho de algodón seco en el centro
como una brocha de afeitar usada
que queda olvidada bajo
el garaje por un año.
¡Flor amarilla, amarilla, y
flor de la industria,
rústica flor espigada y horrible,
florece sin embargo,
con la forma de la rosa grande y amarilla
en tu mente!
Ésta es la flor del Mundo.


 

“Aullido” fue un revulsivo contra el destino manifiesto desde su misma composición. Un judío homosexual con drogas hasta las orejas escribió, durante cuarenta horas, el poema que vio el revés de la trama del capitalismo norteamericano.

Allen Ginsberg

Aullidos en el tiempo

Como Walt Whitman en  el siglo anterior, Ginsberg levantó muy alto la humanidad, la demasiada humanidad del  cuerpo y los sentidos. El desorden querido por  Rimbaud, ese joven subversivo anclado en el más  allá; la desnuda muerte van Gogh en un pueblito francés, las narices asomadas al abismo de Artaud y los dieciocho whiskies de Thomas no fueron más  que la heroína de Charlie Parker y William  Burroughs, el LSD de John Lennon & compañía o el mezcal de Henri  Michaux y Aldous Huxley. Demasiado para Ginsberg: quería él aullar de placer, mezclar el placer y el arte y llevarse por  delante la vida  con su gay  vivir. Demasiado para el pobre Allen, con tantos locos  en la familia  y adoptando a un loco como  Ezra Pound como  un faro. >>>

por Gerardo Burton

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Demasiado para el pobrecito nacido en New Jersey en 1926, de madre comunista y emigrada rusa  y padre maestro de escuela y poeta de ratos libres, muerto setenta años  después.
Las drogas fueron una clave para su búsqueda; luego, por  su hígado enfermo debió alternarlas y casi reemplazarlas por  la meditación budista zen, que también “actúa por  acumulación”.
Howl, publicado en 1956, es una de las tres obras que caracterizan los beatniks, una camada de escritores y artistas surgida luego de la generación perdida de la entreguerra. Confines presenta versiones inéditas de los textos de Ginsberg traducidos por  el poeta y periodista Gerardo Burton.
En su acepción común, profeta es un adivino, un augur. El pronosticador de un futuro más o menos inmediato
Ejerce las artes mánticas y resulta muy funcional en el esquema de ideas de la new age: puede leer el destino de cada uno y de la sociedad entre las borrosas líneas de la mano, las rayas quebradas o enteras del I Ching y las bellas cartas ilustradas del Tarot. También incursiona en la pseudopsiquiatría, las ciencias sociales, la gramática y el esperanto.
Otra versión del profetismo es la judeocristiana: habla del hombre que lee los acontecimientos, que denuncia los desvíos que utilizan los hombres y las sociedades de los caminos trazados hacia su propio encuentro, o al de la divinidad en todo caso. Allen Ginsberg se reía de esta segunda mirada, tomaba distancia de ella, pero no dejó de utilizarla. “Aullido” fue un revulsivo contra el destino manifiesto desde su misma composición: un judío homosexual con drogas hasta las orejas escribió, durante cuarenta horas el poema que vio el revés de la trama del capitalismo norteamericano.

 

Padre Walt

Como Walt Whitman en el siglo anterior, Ginsberg levantó muy alto la humanidad, la demasiada humanidad del cuerpo y los sentidos. El desorden querido por Jean Arthur Rimbaud, ese joven subversivo anclado en el más allá; la desnuda muerte de Vincent van Gogh en un pueblito francés, las narices asomadas al abismo de Antonin Artaud y los dieciocho whiskies de Dylan Thomas no fueron más que la heroína de Charlie Parker y William Burroughs, el LSD de John Lennon & compañía o el mezcal de Henri Michaux y Aldous Huxley.
Demasiado para Ginsberg: quería él aullar de placer, mezclar el placer y el arte y llevarse por delante la vida con su gay vivir. Demasiado para el pobre Allen, con tantos locos en la familia y adoptando a un loco  como Ezra Pound como un faro.
Demasiado para el pobrecito nacido en New Jersey en 1926, de madre comunista y emigrada rusa y padre maestro de escuela y poeta de ratos libres, muerto setenta años después. Las drogas fueron una clave para su búsqueda y luego, por su hígado enfermo debió alternarlas y casi reemplazarlas por la meditación budista zen, que también “actúa por acumulación”.

 

El gran aullido

Howl, publicado en 1956, es una de las tres obras que caracterizan los beatniks, una camada de escritores y artistas surgida luego de la generación perdida de la entreguerra. Las otras dos pertenecen al maestro de todos ellos, William Burroughs –“El festín desnudo”- y a Jack Kerouac, compañero de correrías de Ginsberg: “En el camino” –o “En la ruta”-. El grupo estaba integrado también por Neal Cassady; Gregory Corso; Lawrence Ferlinghetti –fun- dador y propietario de City Light Books, la editorial que los publicó a todos-; Gary Snyder y, un poco más allá, Norman
Mailer y Peter Orlovsky. Dentro de ellos corría sangre, benzedrina, anfetaminas, whisky, marihuana, lisérgico y heroína, entre otras sustancias más o menos legales. La base, según la escuela de Burroughs, era la experimentación. Lo que importaba no era el efecto instantáneo causado por las drogas sino el residuo de las alucinaciones, materia prima de la escritura. El grupo recurría de esa manera a una especie de mística oriental que se condensó en la adopción del budismo zen. Kerouac y Snyder son dos ejemplos: el primero publicó luego “Los vagabundos del Dharma”, y el segundo se recluyó a escribir poemas breves de estilo japonés. Pero el budismo zen también resultaba más una excusa literaria que el fin de una búsqueda
religiosa.

 

Algo sobre el beat

El término inglés beat significa golpe, pero también, en un sentido figurado, exhausto, en el fondo del mundo, mirando hacia fuera o hacia arriba, insomne. La mirada de los beatnikslos que están golpeados, o exhaustos- es con los ojos bien abiertos, perceptivos. Ellos están expulsados de la sociedad, solos, en la calle.
Kerouac dijo que beatnik nunca significó delincuente juvenil, pero se trataba de una posición estética con caracteres de una espiritualidad especial.
Más tarde, beat definió una desesperación formal transformada en una rebelión contra todas las fórmulas políticas y literarias; un nuevo concepto que instintivamente arribó a una actitud personal que no está en nuestro vocabulario. Los beatniks son gente muy cansada, cansada de haber vivido antes de empezar a vivir.
El origen está muy vinculado con el bebop, con Charlie Parker, Dizzie Gillespie y Thelonius Monk. Los beatniks traducen al lenguaje literario el habla de la calle, y el habla improvisada de los instrumentos de jazz en el bebop. El fraseo se vuelve ritmo, y es en “Aullido” (“Yo vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura,...”) donde adquiere su mayor hondura y volumen. El peso específico que viene de Ezra Pound y que consiste en incorporar las luces de neón, los desechos industriales a la manera de un collage de Antonio Berni y el sonido de las calles transmutado en música, eso hace “Aullido”.
La historia no se congela: en los sesentas vienen los Beatles y la cuestión sigue, pero la relación de Ginsberg, fuera de San Francisco –la ciudad que había elegido para vivir- es con Andy Warhol y su grupo en Nueva York, y en Inglaterra se une al circuito de poetas lectores del Royal Albert Hall. Allí también tiene sus experiencias con lisérgico de la mano de Mick Jagger, aunque también resulta famoso un encuentro con John Lennon y los otros tres, entre otros artistas.
Integró como baterista una de las bandas en gira de Bob Dylan –Rolling
Thunder Review Tour- y se metió en el punk cuando éste se puso a subvertir el roc’nrol: estuvo en el disco de The Clash, Combat Rock.
Luego eligió compañeros de ruta entre la “intelligentsia” neoyorquina y rockera: Yoko Ono, siguió con Dylan, Patti Smith. Ginsberg era una especie de tótem que venía –por haberla creado- de una subcultura beatnik. Pidió por la paz en Saigón, y la paz en el mundo tanto desde la India como desde su amada Frisco. En Inglaterra y Estados Unidos hizo lecturas de sus poemas y de los de  William Blake, poeta que le abrió el paso a los paraísos artificiales del LSD.
Poemas suyos fueron musicalizados por Bill Firsell y Arto Lindsay con el título “The lion for real”; escribió en colaboración la ópera Hydrogen Jukebox y editó una versión, con el Kronos Quartet, de Howl.
Un poco sobre “Aullido”
El verso de Whitman es la clave. La sordidez descriptiva de Blake, la segunda. Y Pound, mucho Pound con las yuxtaposiciones. La analogía es la siguiente: el provenzal y el griego son a Pound lo que los letreros lumi- nosos y la industria es a Ginsberg. La soledad de Federico García Lorca en Nueva York: los negros que sacan los ojos con cucharas, las relumbrantes aguas del Hudson como la piel aceitunada de los andaluces. Allí están Ginsberg y García Lorca, lejos de la muerte del segundo, lejos de la persecución al primero.
La sociedad no los espera sino para aniquilarlos. “Howl” es demasiado para soportarse en los andamios, las estructuras de hierro y vidrio, el aire polucionado. El grito de las entrañas, el aullido del lobo solitario, el alcohol desparramado en el vómito en las góndolas del supermercado.
Leer hasta quedar sin aliento, como escribir hasta quedar sin aliento, como vivir hasta quedar sin aliento. Ése es el juego de trasposiciones y correspondencias. Mirar y mirar, virar de un estado al otro y volver a lo mismo. El sutra relata el regreso del espíritu de las generaciones desde la locura, la muerte, la esquizofrenia, las desnudeces, el hambre. Sólo es menester mirar el girasol destrozado como si fuera un chakra y repetir la palabra elegida hasta casi el desvanecimiento, o la iluminación. Aullido

 

 

Allen Ginsberg
En el depósito de equipaje de Greyhound
•Traducción de Gerardo Burton

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I.
En las profundidades de la terminal Greyhound
sentado en silencio sobre un furgón de equipaje mirando al cielo
esperando la partida del expreso a Los Ángeles
preocupado por la eternidad sobre el techo de la Oficina de Correos
en el cielo rojo de la noche en el centro,
mirando a través de mis anteojos me di cuenta en un temblor que esos
pensamientos no son eternos, ni la pobreza de nuestras vidas,
irritable equipaje de empleados de tienda,
ni los millones de parientes sollozando alrededor de los omnibuses
agitando adioses,
ni los restantes millones de pobres que se precipitan de ciudad en
ciudad para ver a sus seres queridos,
ni un indio muerto de miedo hablando a un enorme cana al lado de la
máquina de coca cola,
ni esta vieja dama temblorosa como una caña que toma el último viaje
de su vida,
ni el portero cínico vestido de rojo recolectando sus moneditas y
sonriendo sobre el equipaje destrozado,
ni yo mirando alrededor al horrible sueño
ni el negro bigotudo Empleado Operativo llamado Spade, negociando con
su mano larga y maravillosa el destino de miles de encomiendas,
ni Sam el hada en el sótano rengueando cada tranco como plomo
ni Joe en el mostrador con su depresión nerviosa sonriendo
cobardemente a los clientes,
ni el desván interior verde gris como estómago de ballena donde
guardamos el equipaje en estantes horrendos,
cientos de valijas llenas de tragedia que se mueven atrás y adelante
esperando ser abiertas,
ni el equipaje perdido, ni las manijas dañadas, los rótulos borrados,
los alambres reventados & las sogas rotas, los baúles enteros
explotando en el piso de cemento
ni los bolsos vacíos en la noches en el almacén de destino.

 

II.
Encima Spade me recordó a Ángel, descargando un autobús,
vestido con el mameluco azul la cara negra y la gorra de oficial
trabajador de Ángel
empujando con su barriga un caballo enorme de estaño con el equipaje
negro apilado encima,
mirando mientras pasaba la lamparita de luz amarilla del desván
y sosteniendo alto en su brazo un cayado de pastor de hierro.

 

III.
Eran los estantes, me di cuenta, sentado en el más alto de ellos ahora
como es mi costumbre en el almuerzo para reposar mi pie cansado,
eran los guarda-equipajes, grandes estantes de madera y postes de
puntales y vigas ensambladas del piso al techo confundidos con el
equipaje
- el blanco baúl metálico japonés de posguerra floreado ostentosamente
apuntado hacia Fort Bragg
un paquete mexicano de papel verde con soga morada adornado con
nombres para Nogales,
centenares de radiadores de un golpe para Eureka,
cajas de calzoncillos hawaianos,
rollos de carteles esparcidos sobre la Península, nueces para
Sacramento,
un ojo humano para Napa,
una caja de aluminio de sangre humana para Stockton
y un pequeño paquete rojo de dientes para Calistoga
eran los estantes y esto sobre los estantes es lo que yo vi desnudo a
la luz eléctrica la noche antes de abandonar,
los estantes se crearon para colgar nuestras pertenencias, para
mantenernos juntos, un cambio temporal en el espacio,
la única manera que tuvo Dios para construir la desvencijada
estructura del Tiempo,
sostener las valijas a enviar sobre las carreteras, cargar nuestro
equipaje de lugar en lugar
buscando un autobús para llevarnos a casa desde la Eternidad donde el
corazón fue olvidado y comienzan las lágrimas de despedida.

 

IV.
Un enjambre de equipaje se acomoda junto al mostrador mientras arranca
el ómnibus transcontinental.
El reloj da las 12.15 AM, 9 de mayo, 1956, la segunda mano avanzando,
rojo.
Me preparo para cargar mi último autobús. Despedida, Riachuelo
Walnut Richmond Vallejo Portland autopista del Pacífico
Ligero como Mercurio, Dios de lo transitorio.
Un último paquete queda acomodado solo en la medianoche adherido
arriba en el estante del Costero alto como la fluorescente luz
polvorienta.
El jornal que nos pagan es demasiado bajo para vivir. La tragedia se
redujo a números.
Esto para los pastores pobres. Yo soy un comunista.
La despedida, sí, del Greyhound donde tanto sufrí,
herí mi rodilla y raspé mi mano y construí mis músculos pectorales
grandes como una vagina.

 

Sobre este artículo

Publicado en Confines
N°5 Noviembre de 2007

•Por Gerardo Burton
Neuquen

Especial para Confines - El extremo Sur

 

Noviembre de 2007
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